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martes, 30 de abril de 2013

Enganches emocionales: Yo te salvaré... aunque no me lo pidas.


Se ha escrito mucho (y muy bien) acerca del perfil de las mujeres que manifiestan sentirse  dependientes emocionalmente de sus parejas. Y si bien estoy una vez más de acuerdo con la psicoanalista Mariela Michelena sobre que no es una tendencia exclusiva en las mujeres, también no es menos cierto que el modo en que se manifiesta esta dependencia emocional es diferente en un género y en el otro. De ahí que este post esté mayormente dirigido a las mujeres.

No estoy aquí para hacer una lista sobre las “características básicas” que subyacen a la persona dependiente emocionalmente, ya que como sabéis, los que me habéis venido leyendo este tiempo atrás, no soy muy dada a poner etiquetas y mucho menos a categorizar de manera taxonómica a ellas como “víctimas”  y a ellos como “verdugos”. Ese no es mi estilo, y es más aún, aunque se hace necesario el refuerzo de la autoestima y de la autonomía de las mujeres que se consideran que están dependiendo emocionalmente de su pareja, creo que no es suficiente.

En mi experiencia clínica he podido observar que si no hay un reconocimiento total y consciente de qué papel estoy jugando yo en esta dinámica relacional y me hago responsable de la parte que me toca en esta relación destructiva, no es posible volver a re-construir una identidad real y sincera de una misma y una manera diferente de relacionarme tanto conmigo misma como con mi entorno. Y es esta la visión y misión que trataré de mostrar en este post.

El hecho de que lo haya titulado “Enganche emocional” en lugar de dependencia emocional, tiene su porqué. Y esto entra dentro del supuesto teórico que muchos psicólogos sistémicos nos lleva a preguntar acerca de para qué una persona mantiene un tipo de conducta que en apariencia  sólo conlleva malestar y sufrimiento.*
El enganche conlleva el comportamiento emocional que se presenta cuando permitimos que el estado de ánimo y acciones de otra persona nos afecte de manera negativa de tal modo que mi felicidad y estado de ánimo depende de lo que la otra persona sienta o haga. Es el olvido de las propias necesidades en pro de dar y cubrir las necesidades de nuestra pareja.

Ahora bien ¿Qué hay detrás de este comportamiento tan aparentemente altruista de las mujeres que aman demasiado, que se entregan en cuerpo y alma, que agotan las discusiones como si de una montaña rusa se tratase, que esperan (y desesperan) en su paciente misión de cambiar al otro y de que por fin se dé cuenta de que “como yo nadie lo ha amado ni lo amará jamás”?
Sería imposible poder enumerar todas las variables que influyen en por qué y para qué y el cómo de una forma de relacionarse así, pero trataré de dar unas al menos dos pinceladas acerca de ello.

- Por un lado se encuentra  el apego. En este caso, un apego ambivalente (respuesta que se da ante la separación de una persona con un vínculo significativo con angustia intensa y mezcla de expresiones de protesta, resistencia e ira o llanto.) es más proclive a generar enganches emocionales en la búsqueda de ese reconocimiento y atención. Y a sentirse herido e indefenso cuando no se recibe tanto y cuanto hemos dado para recibir lo mismo. Todo esto tiene que ver con patrones intergeneracionales no aprendidos y cuentas emocionales no saldadas en nuestra historia familiar.

Por otra parte lo que en psicología llamamos la agenda oculta o mapa del mundo. Por un lado está aquello que decimos que queremos y por otro lado está lo que hacemos para tener lo que queremos. Y esto es ¿por qué alguien que dice querer una relación estable donde sea cuidada y respetada termina metida en relaciones tormentosas donde la otra persona o tiende a pasar de ella o le da mensajes ambivalentes y nunca termina de comprometerse? Hay una gran diferencia entre lo que creemos  y decimos que merecemos y lo que realmente sentimos que merecemos. Porque por mucho que yo quiera sentirme amada, si en el fondo no me considero “merecedora de ser amada” todos mis comportamientos y mis pensamientos inconscientes confirmarán inevitablemente esta creencia arraigada en mí.

- Por último, el tipo de pareja que se elige no es “al azar”  Lo común es sentirse atraídas por personas que, ya que una u otra manera  dejen el terreno fértil para cumplir la misión de “solucionarles la vida, incluso sin que la otra persona se lo pida. De ahí que las relaciones sean totalmente desiguales (sin reciprocidad ninguna)  porque este  tipo de pareja genera un sentimiento de protección y de cuidado (ya sea por ser problemáticas, ya sea por ser evitativas) que hacen que la identidad de la mujer enganchada emocionalmente se entregan compulsivamente con la esperanza de ser reconocidos, apreciados y amados.

Y ahí está el quid de la cuestión. Sé que puede ser un chorro de agua fría, una paradoja molesta o una bofetada dulce en la cara. Pero creo que es importante -y uno de los pasos más dolorosos pero indispensables si se intenta dar sentido al beneficio oculto de este “altruismo amoroso” y salir del enganche emocional – el darse cuenta de que detrás de esa puesta total de energía en “salvar la relación”, en “enseñarle al otro lo que es amar”, en obsesionarnos con obtener resultados ante tanta inversión, se encuentra: una dificultad de aceptar que no me puedan querer, una barrera para conocer y conectar con mis propios deseos  y miedos, un deseo de reconocimiento y un orgullo que no permite expresar mis propias necesidades, aunque sí esperar que se satisfagan sin pedirlas

De ahí surge esa rabia interna que hace que le cuente una y otra vez a mi entorno como  “me desvivo” por él y él lo mal que me trata. Haciendo cómplice a amigos/a y familia de la condición de “mujer malquerida” en un su digno abandono como víctima de su mal de amores.

Voy a poner un ejemplo concreto de esto al referirme una mujer en consulta lo dolida que estaba al haberse sentido “chófer” de su ex pareja en los cuatro años que estuvieron juntos.

“Siempre era yo quien le iba a buscar y quien le llevaba a todas partes. Incluso aunque él no me lo pidiera y fuese a la hora que fuese. Por eso me dolió en el alma aquella única vez que yo necesité que él me viniera a buscar y me instó a que cogiera un taxi porque  le era imposible llegar a tiempo a buscarme. Me sentí tan herida que me enfadé mucho con él. ¡Con la de veces que yo lo había hecho por él sin pedírmelo!  ¡Qué desagradecido!”.

Está claro que él podría haber tenido en cuenta la siempre disponibilidad de ella y haber ido a recogerla en esa ocasión, pero la cuestión está en cómo ella había puesto el foco en su altruismo cuando realmente se trataba de una necesidad de reconocimiento de  su generosidad  por parte de su pareja y de un “te doy sin que me lo pidas ya que necesito atención y afecto pero sin tener que pedírtelo yo”

Así pues, sólo cuando  se es capaz de contactar con los verdaderos deseos y necesidades y manifestarlas directamente, en lugar de someterse a los de los demás  porque sabemos lo que necesitan y quieren, entonces somos conscientes de nuestro sutil hábito de manipular “pidiendo-en-dando-“ . sustituyéndolo por el  dar realmente de una manera interdependiente, altruista y sin necesidad del reconocimiento externo.

Reflexión final:
Cando amamos desde el enganche emocional, estamos otorgando una fuerte responsabilidad a la otra persona, ya que por un lado le otorga el aparente poder (por el cual nosotras/os nos “desvivimos” para atender a sus deseos y necesidades) pero por otro lado,  exigir a otra persona que se haga cargo de nuestro mundo (ya que nuestra felicidad depende de cómo se comporte con nosotros)  es mermar su libertad (ya que nos convertimos en una carga). De ahí que el poder vaya del uno al otro constantemente. Cuanto más fuertemente nos apegamos a alguien, más se apega ese alguien a nosotros.

En cambio, si soy emocionalmente interdependiente: reconozco por un lado mi valía, mi ser merecedora de cariño y atención pero al mismo tiempo  también reconozco mi necesidad de amor, de darlo y recibirlo. Como persona interdependiente, tengo la libertad  de compartir y compartirme con otros, desde la propia satisfacción de hacerlo, sin esa ansia de ser aplaudida, reconocida o querida. 



*  Estoy refiriéndome por supuesto, a un nivel de dependencia mutua que no se eleva por encima de determinados umbrales que conllevan al maltrato psicológico, físico ni sexual.

Bibliografía:
-        José Jaime Martínez. “Codependencia y pareja”
-       Adriana Karen Cid Mireles: “Dependencia emocional”








2 comentarios:

  1. Muy cierto. Y mucha gente no lo reconoce. Felicidades por tu blog, que sigo con interés, y un recuerdo desde el pasado. Me alegra ver que andas lanzada! :D

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  2. un tema bien interesante, me gustaria tambien que tratases la otra parte, la de la persona que asume y acepta a la persona dependiente

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